Cuaresma marianista: tiempo de cambio

Cuaresma marianista: tiempo de cambio

Mientras los días de febrero se van agotando, mientras seguimos oteando el horizonte esperando el final de un túnel que se nos va haciendo cargante y pesado, nos sorprende la cuaresma. Parece que a penas hay sitio para colocar en nuestras cansadas vidas cuanto tenemos asociado a los cuarenta días que anteceden a la pascua:  sacrificio, penitencia, austeridad… todo tiene el regusto amargo y la grisura triste que, en forma de ceniza, nos amenaza este miércoles que ya nos pisa los talones.

Como en los días de diciembre, queremos ponernos a tu lado. Queremos que sepas que lo que se nos viene es un tiempo de gracia, un don, un regalo. O la fe nos ayuda a vivir, levanta nuestro espíritu, nos ofrece una puerta abierta y un horizonte de esperanza, o definitivamente más vale desecharla.

Cuaresma es caminar con horizonte, detrás de los pasos de Jesús. Cuaresma es abrir de par en par nuestras entrañas y clamar a Dios desde lo hondo con palabras que brotan de la carne, de la herida, de nuestros deseos. Cuaresma es quedarse prendado por la compasión de Aquel que toca, cura, rehabilita, integra, abraza, perdona y se la juega por ti y por mí, hasta sentir la sombra de una cruz amenazante sobre su figura, porque nos ama locamente, desmesuradamente, hasta el extremo.

Cuaresma es dar una patada a tantas estupideces que nos enredan la vida y nos consumen los días y nos agrían las relaciones, redescubriendo ese fondo de bondad y de belleza que nos habita y que quedó enterrado en una maraña de prisas, frustraciones y tropiezos propios de nuestro corazón herido.

Sí, amigo y amiga, cuaresma es tiempo de cambio, o mejor de transformación. Esa que sucede cuando tenemos la osadía de emprender la marcha pegados a Jesús; cuando le dejamos entrar hasta la cocina, cuando nos dejamos perdonar, enamorar, encandilar por una presencia que es más interior a nosotros que nuestra propia intimidad.

Déjame preguntarte: ¿no sientes dentro de ti un profundo deseo de cambio? ¿No deseas un tiempo nuevo para nuestras relaciones, para nuestro mundo? ¿No sientes en ti hambre de abrazos y del abrazo de quien es capaz de darlo todo, hasta la vida, por ti?

Tus amigos, los religiosos marianistas, queremos invitarte a hacer este trayecto hasta la pascua y abrir contigo las puertas de nuestra casa al cambio que solo Cristo es capaz de traer a nuestras vidas. Algunos de nuestros hermanos, durante los cinco domingos de la cuaresma, compartirán con nosotros una palabra generosa que traerá la narración de cambios que sanearon sus vidas, transformaciones que aún esperan, y que desean para ti y para mi y para el mundo.

Ojalá sea el comienzo de un diálogo que puedas continuar con cualquiera de nosotros, en las redes sociales o allá donde nos encuentres.  Cuaresma es ese cambio que se llama JESÚS.

Rafael Iglesias sm, Asistente de Vida Religiosa.