Francisco Martínez Garay (1938-2025): Disponible, bondadoso y cercano

Francisco Martínez Garay (1938-2025): Disponible, bondadoso y cercano

Escrito por Ignacio Otaño, SM

En la esquela del fallecimiento de Paco, la comunidad Madeleine y su familia le daban “gracias por tu disponibilidad, bondad y presencia cercana”. Características que reconocían todos los que habían tratado con él.
En su funeral, el superior de su comunidad, Pedro Martínez de Salinas, afirmaba con emoción: “te vamos a echar mucho de menos”, y destacaba que “en comunidad Paco siempre era el que más animaba la conversación, el diálogo y la fiesta”.
Este pasado 20 de enero, con motivo de la fiesta de San Sebastián, la Asociación de Familias del colegio donostiarra, por medio de su presidenta, Isabel Iglesias, concedió a Paco, a título póstumo, el bastón de plata de Aldapeta 2026. Compartió la cariñosa distinción con Lidia García de Madinabeitia, incansable misionera marianista laica en múltiples campos y facetas.

La presidenta enumeró así los motivos de la concesión del bastón de plata a Paco:

“Por su bondad discreta, su permanente disponibilidad, su constante y cariñosa presencia, por su alegría, por su compromiso con la educación integral y con el servicio a los demás, por su participación en la vida de la Comunidad, por su dedicación a la casa de Salinas de Jaca, en la que tantos alumnos y familias han podido disfrutar de la convivencia con otras personas; y porque Paco, con su sonrisa eterna y generosa, sin buscarlo, simplemente siendo como era, resultó ser una referencia fundamental para muchas generaciones de colegiales, fortaleciendo así el sentimiento de pertenencia a la gran familia de Aldapeta María”.

Crecimiento silencioso pero visible

Hijo de Florentino y Bárbara, Paco era el mayor de los hermanos, tres chicos y una chica (Francisco, Florentino, Leonardo y Gabina). Nació en Samaniego, localidad de unos 300 habitantes situada en la Rioja alavesa, caracterizada por el cultivo de viñedos y la elaboración de vinos. Aunque cuando él tenía diez años toda la familia se trasladó a Vitoria, mantuvo siempre el cariño a sus orígenes. ¡El mejor vino era el de Samaniego!

A sus trece años de edad, Paco ingresó en el postulantado marianista de Escoriaza. Pocas noticias tenemos de sus 8 años de formación inicial marianista. No hay nada archivado y compañeros de entonces que todavía viven le recuerdan con cariño, pero de manera difuminada. No participaba en el deporte ni se hacía notar en ninguna faceta, con lo que su presencia pasaba casi desapercibida. Es decir, hasta el Paco adulto que hemos conocido ha habido una maduración progresiva y manifiesta.
Esa cierta invisibilidad comunitaria en el tiempo de formación contrasta con su protagonismo en la vida diaria de la comunidad en su vejez. Pedro, su último superior, remacha lo que ya dijo en el funeral de Paco y destaca de él especialmente “su carácter abierto, alegre y comunicativo, que le hacía ser una persona muy comunitaria. La comunidad era su centro afectivo y vivía profundamente todas las relaciones comunitarias y la vida de comunidad. Los días previos a su fallecimiento y cuando se sentía más débil, sin poder pasear por el colegio y la ciudad, estaba preparando cómo ambientar y preparar la Navidad, para que fuera una fiesta de encuentro comunitario. Le gustaba animar las sobremesas opinando y dialogando sobre todo tipo de cuestiones, dando mucha vida y ambiente a la comunidad. En este sentido le vamos a echar mucho en falta, porque era la mecha que encendía la comunicación y el diálogo entre nosotros”.

Educador

Paco fue educador durante toda su vida, hasta el final. Pedro Martínez de Salinas, que vivió en comunidad con él en los últimos años, habla de su “gran inquietud educadora y pedagógica, por estar al día en los planteamientos teóricos de la educación, pero sobre todo estando presente en los pasillos y aulas del colegio. Tenía verdadera obsesión porque la comunidad no nos quedáramos encerrados en nuestra vivienda, sino que es-tuviésemos presentes en la vida del colegio y en las aulas”.
Al recordarle, su gran amigo, compañero de fatigas y profesor del colegio durante estos últimos 25 años, Eneko Marín, lo define como maestro vocacional, que disfruta enseñando y explicando las cosas con la tranquilidad que dan los años.
Tras su iniciación marianista y sus estudios de magisterio, Paco comenzó con entusiasmo su misión de educador en Valencia con los niños de primer grado de Primaria, los más pequeños del colegio entonces.
Se había encontrado con la horma de su zapato. Considerado por algunos todavía demasiado infantil a sus 21 años de edad, congeniaba perfectamente con sus alumnos, para los que era, además de profesor, un poco su hermano mayor, que les quiere, les protege y les ayuda.
La comunidad de Valencia la formaban entonces 35 hermanos, con una media de edad de 36 años. Se veía a Paco aún tierno en su evolución personal, pero era muy apreciada su buena acogida a las orientaciones que amablemente recibía y su disponibilidad para arrimar el hombro. Encontraba apoyo para ir superando cierto complejo de inferioridad que le causaba su débil constitución física. Y encauzó bien su maduración.

Tras tres años en Valencia, el 15 de agosto de 1962 hace la profesión perpetua en Vitoria y es enviado a esta comunidad de 29 hermanos, con una media de edad de 38 años.
En el colegio vitoriano se impulsará su inquietud educativa con la adopción de métodos innovadores, que ya circulaban en el campo de la pedagogía. Esos nuevos métodos, que se proponían reforzar el protagonismo del propio alumno en su educación, los llevó, en el curso1968-69, al colegio Almen de Escoriaza, situado en el antiguo postulantado.

Las nacientes y socialmente comprometidas cooperativas de Mondragón habían adquirido el terreno del antiguo postulantado, trasladado al nuevo de Logroño. El acuerdo firmado entre la dirección de las cooperativas y la Compañía de María sancionaba que los marianistas se responsabilizaban de la dirección pedagógica y pastoral del centro.
Esta andadura de obra en colaboración con las cooperativas había dado el primer paso en el curso 1965-66 con la presencia de un único marianista, Txomin Madinabeitia, que era el director del colegio. Al año siguiente ya fueron tres los marianistas presentes en Almen: Ambrosio Bergareche, que era superior y director, Jesús Madinabeitia y Agustín Pujana. La media de edad era de 33 años.
Al llegar Paco, en septiembre de 1968, la comunidad marianista de Escoriaza estuvo formada por cuatro hermanos: seguía el mismo director y superior, y le acompañaban Manuel Gonzalo, Faustino Madinabeitia y el propio Paco.
Al curso siguiente, Ambrosio y Manuel recibieron otro destino, pasando Teófilo Lejarza a ser el nuevo superior y director, e incorporándose también Miguel Lete. El número de miembros seguía siendo de cuatro, y la media de edad bajaba de los 33 a los 31 años.
En el cuarto y último curso de Paco en Escoriaza (1971-72), el número de hermanos de la comunidad marianista había ascendido ya a siete, y la media de edad era de 30 años.
A los dos cursos siguientes como maestro de primer grado en Santa María del Pilar de Zaragoza, le sucede una etapa que va a ser crucial en el desarrollo formativo, profesional y personal de Paco: la de psicólogo.

Psicólogo humanizador y evangelizador

La psicología ayudó a Paco a madurar humanamente y también a una espiritualidad encarnada, que encajaba muy bien en la Buena Noticia liberadora de Jesús de Nazaret. Fue creciendo al unísono como psicólogo y como seguidor de Jesús. Por esa línea ca-minó nuestro hermano, sobre todo a partir de los estudios de psicología que comenzó académicamente en Barcelona en 1974.
Obtuvo el título de Licenciado en Psicología en septiembre de 1977 y fue destinado a la comunidad de Donostia – San Sebastián.

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Si quiere conocer más sobre la vida de Paco Martínez, SM le invitamos a leer el documento TESTIGOS, en el siguiente enlace: PACO MARTÍNEZ, SM: DISPONIBLE, BONDADOSO Y CERCANO


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